sábado, 28 de diciembre de 2013
martes, 17 de diciembre de 2013
No hagas deporte…si no pagas
El Anteproyecto de ley de la Seguridad Ciudadana propone multar a aquellos que hagan actividad física en lugares no habilitados para ello. Entiendo yo que esto se refiere a que no se realicen en instalaciones específicamente diseñadas para ello. Por supuesto la medida sin duda perjudicará mucho más a aquellos deportes cuya esencia reside precisamente en utilizar la ciudad como medio natural (urbano) de práctica y que difícilmente pueden restringirse a espacios claramente acotados. Pero aquí hay algo más que añadir y es la consideración que desde la oficialidad se haga sobre la bondad o maldad de esas prácticas: correr por calles, parques y plazas: ningún problema; realizar parkour, skate, street workout o cualquier uso de “bici crítica” será perseguido y criminalizado como uno de los mayores actos de vandalismo y violación de la convivencia pacífica entre ciudadanos. Éstos, los ciudadanos disfrutan de la ciudad caminando, viendo y comprando; o sentados, viendo y consumiendo. O corriendo y pagando inscripciones de carreras populares.Solo se entiende la ciudad a través de relaciones mercantilizadas.
La plaza de los Cines Luna, en la parte trasera de la Gran Vía, era un lugar de encuentro de los amantes del monopatín. Ayer pasé por allí y solo vi a un chaval que, tras cruzar a pie la plaza mirando a los lados con cierto recelo, se alejó patinando por una de las calles adyacentes. Ni rastro del skate allí. Sería imposible, entre otras cosas porque hay colocadas unas terrazas enormes donde los ciudadanos disfrutan de la ciudad consumiendo sus churros con chocolate o demás bebidas que mantengan el cuerpo caliente en este invierno tan frío. Justo antes de pasar por allí me había bajado en la estación de Gran Vía y dirigiéndome a la salida me pareció atravesar un gran centro comercial en el que se nos animaba a comprar el último modelo de Adidas. La metáfora es clara: o pagas algo en algún lado a alguien o deberías dejar de hacer deporte.
martes, 3 de diciembre de 2013
Dopaje deportivo-dopaje académico
Uno de los lugares comunes al hablar del deporte actual es el del problema que representa el dopaje como forma fraudulenta de pervertir el sistema de competición. Muchas veces se presenta la cuestión como si de un mero dilema moral se tratara, como si la cuestión de la responsabilidad individual nos fuera a dar todas las claves para entender por qué el dopaje se ha convertido en una práctica normal dentro del deporte de élite. Como nos recuerdan los sociólogos de la escuela de Leicester, la cuestión del dopaje sólo se puede entender si vemos los procesos históricos que han llevado al deporte a la situación actual. Básicamente nos recuerdan que debemos tener en cuenta la confluencia de dos procesos que se desarrollan a lo largo del s.XX: la medicalización de la vida (la mayor presencia de la medicina en cada uno de los ámbitos de nuestras vidas, entre ellos el deportivo) y la profesionalización deportiva (cada vez mayor presión por ganar: presión económica, social, política). Si para ganar a toda costa puede utilizarse cualquier medio y la medicina puede proveer tales medios, el dopaje aparece como práctica ilegitima pero normal dentro de esa lógica.
Pues bien, el parecido de lo que ocurre en el mundo deportivo con el mundo académico universitario es mucho mayor de lo que podría creerse en un primer momento. La creciente presión que sufrimos los que trabajamos en las universidades tanto para traer financiación externa como para obtener puntuación en los índices de impacto va a derivar en un aumento exponencial de los casos de dopaje académico. ¿A qué nos referimos con este término? Al uso fraudulento de los resultados e investigaciones científicas utilizadas como coartadas/justificaciones de intereses políticos y/o económicos o ,simple y llanamente, engaños para conseguir más publicaciones.
Paralelismos: igual que un jugador necesita rendir para que su equipo le pague su ficha, el académico tendrá que rendir (dar unos informes de resultados favorables) a la empresa que le paga su ficha (el caso de las farmacéuticas aquí es paradigmático); igual que un deportista que recibe una beca o adquiere un contrato condicionado por sus resultados, el académico mantiene o adquiere su puesto en función de la puntuación que obtenga según agencias de calificación como la ANECA e índices de impacto como el JCR. Cada vez más la mayor preocupación no está tanto en lo científico como en las estrategias para poder publicar en tal o cual revista, para poder posicionar tu artículo con mayor índice de impacto. Mi predicción es clara: en los próximos años vamos a asistir a un aumento considerable de esas prácticas científicas fraudulentas. Podemos volver a plantear la cuestión como los dilemas morales del dopaje deportivo o podemos empezar a entender las dinámicas que nos están conduciendo a ello.
jueves, 28 de noviembre de 2013
Los medios de comunicación y el deporte espectáculo en la era digital
La transformación del deporte moderno desde los tiempos del amateurismo más romántico del s.XIX hasta la profesionalización extrema del deporte espectáculo actual ha estado marcada por una pérdida progresiva del control directo por parte de los propios implicados (los jugadores) y una influencia cada vez mayor de aquéllos que van a ver jugar. Este fenómeno toma otra dimensión cuando en el S.XX aparecen los medios de comunicación de masas, en concreto la televisión durante la segunda mitad de siglo. La disminución del número de asaltos y la duración de los mismos en boxeo o la aparición del tie-break en tenis tuvieron bastante que ver con la necesidad de un formato adecuado a la retransmisión del evento. Esa misma dinámica se ha venido repitiendo, cada vez con mayor fuerza en todas y cada una de las disciplinas deportivas debido a que la propia competición entre ellas por captar audiencias es feroz: hoy en día el deporte espectáculo no puede sobrevivir si no sale en los medios y si no hay audiencias que servir a los anunciantes, no hay retransmisión. En general, el modo de hacer más apetecible la modalidad deportiva a las audiencias ha sido subir la intensidad de la emoción y reducir el tiempo. Es decir, un deporte en el que hay que esperar mucho para que pase algo emocionante es aburrido y pierde audiencia. Podríamos pensar que el fútbol es el único que se salva de esta maldición. Sin embargo, lo que pasa más bien es que está blindado debido a que su deriva histórica lo ha convertido en la competición mundial por antonomasia. Aun así hay síntomas que van en esa dirección: para conseguir que haya más emoción y fomentar el juego de ataque se introducen medidas tales como prohibir la cesión al portero o que la victoria valga tres puntos y el empate uno. Sin embargo, la lógica de ese deporte cada vez más espectacular tiene su epicentro generador en el deporte estadounidense. Piénsese en la final de la Superbowl para entender de qué estamos hablando.
O, piénsese mejor en lo que ocurre en la NBA (dinámica que copian las ligas europeas): ¡la televisión pide tiempos muertos! Es decir, hay momentos en el partido que los jugadores tienen que dejar de jugar, les convenga o no, para que pueda colocarse la parrilla de anuncios. Pues bien, parece ser que la cosa no acaba aquí. En tiempos de la era digital, de la velocidad espectral de la comunicación y la cada vez mayor incapacidad para aguantar un microsegundo sin que surja la ansiedad y el aburrimiento si no hay un nuevo estímulo, la NBA quiere ir más allá. Se está estudiando la posibilidad de reducir de 48 min a 40 min el partido para evitar que las retransmisiones sean largas y tediosas para una generación joven que empieza a chatear con los colegas en cuanto faltan más de dos mates por minuto en la cancha. En fin, no me extraña que los ingleses hayan patentado también la versión corta del cricket, alejándose de aquellos días en los que los partidos podían durar más de un día entero y donde las paradas para comer o para el té eran acordadas por los propios jugadores mientras se disfrutaba del día en el campo.
lunes, 18 de noviembre de 2013
La subcultura del skateboard como ejemplo de comunidad de práctica creativa
Desde la comunidad educativa hay una preocupación creciente por desarrollar la creatividad en los alumnos y se buscan propuestas innovadoras para potenciarla. Sin embargo, hay ya comunidades de práctica abiertas (podrían llamarse informales) cuya dinámica se nutre precisamente de esa continua e inagotable innovación creativa. Las subculturas deportivas, aquellas disciplinas tales como el skateboard, bmx, parkour, surf, escalada, que llevan asociadas unos estilos de vida (ropa, música, forma de conectar esa actividad a la propia identidad) son un claro ejemplo de ese tipo de comunidad de práctica abierta y creativa. Tienen una serie de características que hacen que el proceso de aprendizaje sea altamente motivante, participativo y relevante desde el punto de vista de la implicación y la identidad de los individuos que forman parte de ella. En estas comunidades de práctica se alcanzan cuotas de habilidad al nivel del alto rendimiento sin que haya entrenadores/maestros a la vez que se logra una fuerte identificación de los sujetos con la actividad que realizan. Como características ideales (no todas esas subculturas presentan estas características de igual modo ni en todos los sitios se da así):
1. Gran control de la actividad por parte de los participantes (no control en organismos externos como federaciones, organizadores de campeonatos etc…).
2. Libre asociación y libre compromiso con la comunidad (comunidades abiertas).
3. Motivación intrínseca, lo que lleva a hacer las cosas bien porque sí, por el hecho de realizar esa actividad.
4. Jerarquía vinculada al nivel de maestría en la habilidad/nivel de compromiso con la escena local y la propia actividad.
5. No hay reglas fijas sobre qué o cómo debe proceder la actividad. Actitud D.I.Y (‘Do it yourself’ o “Hazlo tú mismo”).
6. Se dan bucles recurrentes de resolución de problemas y generación de otros nuevos. Ese es el modo en el que el conocimiento fluye por toda la comunidad de práctica y es la esencia de la capacidad de adaptación y continua creatividad de la comunidad.
7. Actividad conectada de forma fuerte con su identidad individual y colectiva (noción de estilo de vida asociado a la práctica).
8. Aprendizaje + identidad: aprendizaje significativo.
Como ejemplo concreto que nos habla de la creatividad en esas comunidades de práctica abiertas vamos a tratar un caso de la historia reciente del skateboard: el Burnside Bridge Project.
En Portland, ciudad del estado de Oregón en la que llueve mucho, se desarrolla un proyecto en los años 90 llevado a cabo por la propia iniciativa de skaters locales. Debajo de un puente en el que se situaba un antiguo parking de un hotel abandonado deciden empezar a realizar innovaciones en el terreno para poder patinar en los días de lluvia. Llevan algo de cemento y ponen pequeñas rampas pero poco a poco el proyecto va creciendo y convencen a los transportistas de obras cercanas para que les den algo de los sacos de cemento que sobran. Los skaters locales, después del trabajo van allí a genera su skatepark soñado. Al principio no llama la atención de las autoridades pero cuando se hace notar lo quieren cerrar, echar abajo. Cuesta tiempo pero al final las propias autoridades aceptan y apoyan el proyecto como muestra de implicación y bien para la comunidad. De una zona en ruinas se erige un sitio significativo de orgullo para la reunión de la comunidad. Lo interesante además es que es un proyecto no acabado, siempre abierto a la innovación: se producen varias modificiaciones a lo largo de los años realizadas por los propios skaters. Es como un continuo proyecto en proceso.
Este ejemplo de instalación construida según las necesidades de los propios practicantes ha cundido en otras ciudades (San Diego, Washington) y no solo en EEUU. Por ejemplo en Suecia son famosas las transformaciones llevadas a cabo por el grupo cuya figura más visible es Pontus Alv. ¡Incluso en Madrid recientemente se han empezado a hacer modificaciones bajo un puente cegado de la M-50!
viernes, 11 de octubre de 2013
Mitos raciales que perduran
La semana pasada tuvimos el privilegio de asistir en la universidad a unas conferencias en las cuales participó Yannis Pitsiladis, experto en genética y rendimiento deportivo. Este profesor e investigador de la universidad de Glasgow trabaja en una red de laboratorios desde Europa hasta Jamaica o Kenia y ha trabajado de forma cercana con figuras del atletismo mundial.
Lo más interesante que nos presentó se puede resumir en los siguientes puntos:
- No hay evidencia científica que explique la predominancia atlética de ciertas poblaciones (ej. jamaicanos en sprint o keniatas en fondo) a partir de la genética. Esto no quiere decir que la genética no influya en el rendimiento; simplemente que es falso que ciertas poblaciones sean las únicas portadoras de ciertos genes mágicos que las hacen superiores en ciertas pruebas atléticas. Además, esa búsqueda del gen maravilloso puede que sea simplemente una quimera. De hecho, la composición genética de campeones de corta y larga distancia es prácticamente la misma, lo que desmonta la idea de que hay un gen de la velocidad y otro de la resistencia.
- Factores ambientales que influyen en las condiciones de vida y el propio sistema de entrenamiento y competición tienen mayor poder explicativo sobre esa predominancia atlética: si desde pequeño se hace mucha o poca actividad física; si se vive en entrena en altitud de forma crónica (en el caso de los fondistas); si hay un gran prestigio social asociado a la actividad; si la recompensa económica es grande; si hay una tradición cultural que haga sentir esa prueba atlética como adecuada o propia a los individuos de esa población.
Sin duda estas afirmaciones para alguien que proviene de las ciencias sociales no pueden ser más que buenas noticias. No las ha dicho un sociólogo, las dice alguien que proviene de las ciencias naturales-médicas que parecen ser las únicas que tienen pedigrí científico en esto del deporte.
Pero además, lo que a mí me interesaba verdaderamente aclarar era lo que creo que aun sostiene con gran fuerza el sentido común racial que muchas veces se desliza hacia el racismo: la barrera de color blanco-negro.
Como explicaba el propio Pitsiladis, la clasificación para el estudio genético no se hace en función del color de la piel. La clasificación por color pertenece a categorías de sentido común, nada que ver con la categorización científica desde la genética. No debemos olvidar que los europeos provenimos de una pequeña rama genética que provenía de y que sigue presente en África. La composición genética del continente africano es más antigua y mucho más heterogénea que la europea. De hecho, es posible ser genéticamente más similar entre europeos “blancos” y africanos “negros” que entre dos poblaciones de esa “África negra”.
Ese concepto de raza, construido socio-históricamente desde un pasado de relaciones de poder coloniales ha sido sustentado por la diferencia en el color de la piel y pasado por natural en ámbitos específicos y de tanta atención mediática como el deportivo. Los propios atletas jamaicanos refuerzan ese mito encarnado en lo “negro” al creer en la teoría de la selección natural debida a su pasado como esclavos. Sin embargo, como nos recordaba Pitsiladis, aunque no hay el más mínimo atisbo de evidencia científica que refuerce esa idea, esa creencia tan fuerte sobre ser los elegidos para correr afecta positivamente, a modo de profecía autocumplida, a esos atletas y afecta de modo negativo a aquéllos (por ejemplo europeos) que no creen siquiera posible competir contra los que naturalmente han sido designados para ello.
Y aún así, después de leer esto, seguro que la duda sigue rondando en algunas de vuestras cabezas… la fuerza de las imágenes sigue pesando más que la ciencia.
domingo, 29 de septiembre de 2013
La ciencia y el fútbol
Este viernes en Madrid se realizó una manifestación de los investigadores en contra de los recortes que sufre la ciencia en este país. Coincidiendo con la broma institucional de "La noche de los investigadores" que se celebraba ese mismo día, unas cuantas personas vestidas con camisetas rojas (la marea investigadora) y alguna pancarta reivindicativa desfilaron por el Paseo del Prado. No había mucha gente, debía ser por la lluvia, que amenazaba con pegar fuerte. Sí, debía ser eso.
Hubo algo, una imagen, que me llamó mucho la atención por lo claro y brutal del argumento (miradla, que está aquí puesta).
Que no es país para científicos ya lo empezamos a saber con los recortes que están dejando parados la mayoría de los centros de referencia para seguir con los proyectos ya iniciados. Bueno, estas cosas no son nuevas, que eso de "investigar en España es llorar" ya viene desde Cajal, incluso antes. Y ¿qué tenemos al otro lado de la balanza? Haciendo contrapeso o, más bien, hundiendo en la miseria el desarrollo del país (sí, la educación y ciencia sirven para el desarrollo, ¡oh, milagro!) pues se encuentra la apuesta particular de los que aquí reinan (que no gobiernan): sol y playa como plus ultra del turismo patrio, energía de un proyecto de ladrillo especulador aderezado con una buena paella. Y como espectáculos para que siga la fiesta, pues toros y fútbol.
Al mismo tiempo que se habla de la defensa de los toros como patrimonio cultural, del fichaje astronómico de Bale, del cambio de la ley del tabaco (y la de blanqueo de capitales) para que venga Eurovegas y la mal hallada aventura del Madrid Olímpico, los recortes en educación y ciencia no paran (por mucho que la perversión de las cifras acabe resultando en que la cuantía destinada a becas ha subido un 11%)y el éxodo de gente con formación superior es constante.
Es así: un sistema que expulsa talento y promueve pelotazos (en todos los sentidos y estadios futbolísticos)y corruptelas.
¿Pero este no era un blog sobre deporte? Ah, perdón, es cierto que el fútbol de ahora ha dejado de ser deporte hace mucho.
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